Hora de Boicotear a los Boicots

Parece que hoy en día medio mundo está involucrado en una competencia para ejercer el poder de la billetera para avanzar su lado de la guerra cultural.

Artistas como Bruce Springsteen, Ringo Starr, y Nick Jonas rehusen tocar en Carolina del Norte. Lo hacen para manifestar su protesta contra la reciente “ley de baños” (Public Facilities Privacy & Security Act). La legislación fué pasada para contrarrestar las ordenanzas locales que permitían que la gente trans utilizara el baño de su preferencia (junto con otras medidas con objetivo de eliminar la descriminación contra la comunidad homosexual). Empresas como Deutsche Bank tambien están poniendo alto a proyectos de llevar sus negocios al estado.

Por su parte, la organización activista cristiana American Family Association lidera un movimiento de más de 700.000 personas que han acordado hacerle boicot a Target debido a una nueva política que deja sus clientes utilizar el baño que corresponde a género con el cual se identifican.

Tambien hubo el Religious Liberty Bill de Georgia, el cual procuraba crear protecciones legales para propietarios de negocios que rehusen servicios y despiden empleados en base a creencias religiosas personales. El gobernador del estado, Nathan Deal, finalmente vetó la propuesta después que empresas grandes como Disney, Apple, Time Warner, y la NFL amenzaron llevar sus operaciones a otros estados si la ley pasaba.

Miren, estos son asuntos complejos. Las soluciones no siempre son tan directas como parecen en el superficie. Por ejemplo, puede que suene bien querer dejar que la gente use el baño en el que se sienta más comoda, pero hay personas mal intencionadas que sí puden aprovecharse la situación para dañar a mujeres y niñas.

Pero al mismo tiempo, ¿será realmente la mejor solución decirle a la personas que deben usar el baño que corresponde al genero en su acta de nacimiento (tal como lo establece la ley de Carolina del Norte)? Eso causa una situación rara para personas que han pasado por cirugía y que parecen ser lo opuesto de lo que está registrado en su acta de nacimiento. ¿Y no sería totalmente lo contrario de lo que los conservadores desean lograr si un hombre musculoso trans a quien le gustan las mujeres (pero nació mujer) es obligado entrar al baño de las damas?

Personalmente, estoy a favor de dejar que los propietarios de negocios decidan lo que quieren hacer con sus baños. No es por nada que se les dicen empresas privadas. Es tu propiedad, tu pones las reglas. Creo que un propietario que está allí personalmente tiene mayor capacidad para detecar situaciones riesgosas con su clientela que un burocrata lejano. Dejemos que los propietarios de los negocios deciden a quién quieren dejar pasar a sus sanitarios–y que lo hagan sin temor a ser demandados o multados.

En el caso de los baños públicos, en las escuelas y en la instalaciones gubernamentales, tal vez podemos llegar a un compromiso. Por ejemplo, instalar más baños de una sola caseta. Podemos dejar los baños de las primarias como siempre lo han estado, porque lo que menos queremos es poner en riesgo a nuestros hijos pequeños–y además los niños de esa edad no tienen porque estar pensando en la disforia de género.

Esas son mis opiniones. Cada personas tiene una opinión propia, y eso está bien. Lo hermoso de nuestra nación es que vivimos en una sociedad plural con una gran variedad de puntos de vista en cuanto a la cultura y la política. Cada persona tiene la libertad de tener y expresar su perspectiva sin miedo a opresión del gobierno. Ese es el maravilloso derecho que llamamos la libertad de expresión.

Sin embargo, no solo es el gobierno que puede limitar la libertad de expresión. Nosotros, involuntariamente, lo podemos hacer el uno al otro.

Primeramente, yo creo que toda persona debería tener la libertad de proveer or negar su servicio a quien quiera. Si alguien no te cae bien, o no te gusta lo que representan o en lo que creen, y sientes que estarías actuando en contra de tu consiencia al servirle–está bien. Todos tenemos diferencias y debemos tratar de resolverlas personalmente. ¿Porqué tenemos que involucrar el gobierno y las cortes en todo?

Tambien creo que hay momentos en que se justifica el boicot.

Pero siento que parte de ser un miembro maduro y responsable de la sociedad es saber cuándo ejercer los poderes que tienes. Hay una diferencia entre ser defensor de una causa en la que crees y ser un bully. Hay un punto en el que “no puedo apoyar esta institutción porque yo estaría apoyando la maldad que quiero combatir” se convierte en “estoy en desacuerdo con tu punto de vista, así que voy a hacer que tu negocio vaya a la quiebra a menos que cedas ante mi.”

Si todo el mundo (o un grupo minoritario no popular) tiene miedo de dar voz a su opinión–de ejercer plenamente su derecho a la expresión libre–debido a la amenaza de la ruina empresarial, entonces hemos creado una tiranía de consumidores. Opresión por medio del mercado.

Además, si decides boicotear a toda persona cuya opinión sea diferente a la tuya, probablemente tendrás que vivir fuera de la red de la sociedad para sobrevivir. Si soy conservador, ¿acaso dejaré de comprar mandado en los mercados locales porque sus directores donaron a la campaña de Obama? O si fuera liberal, ¿dejaría de tomar mis medicamentos recetados porque algunos ejecutivos de la compañía que los produce compartió publicaciones de Facebook en apoyo del matrimonio tradicional?

Ahora, si quieres vivir de esa manera–adelante. Hazlo. Vuelvo a decir que creo que la gente debe tener ese derecho. Pero no creo que sea una manera sana de vivir. Yo tengo opiniones politicas y sociales que van en desacuerdo con las ideas de algunos de mis familiares y amigos más cercanos. Algunos de mis amigos y conocidos de trabajo son bien liberales, pero eso no interfiero con nuestra relación. Hasta mis hermanos no apoyan al mismo candidato presidencial que yo, pero eso no significa que les voy a dejar de hablar.

Al final, creo que todo esto se puede resumir con la frase “vivir y dejar vivir.” Solo vivan y dejen vivir.

A veces, si tendrás que rehusar participar. En el ejemplo famoso de pasteleros cristianos, por ejemplo (especificamente la pastelería en Colorado que exitosamente fue demandada por rehusar hacer un pastel para una boda gay), sería bueno que las parejas homosexuales intentaran comprender el carácter sagrado, sacramental que el matrimonio entre hombre y mujer tiene en el cristianismo.

Hacer un pastel para un matrimonio homosexual va en contra de esa convicción. Nadie dijo que estos pasteleros no quieren atender a la gente gay en general. Probablemente con gusto prepararían galletas, pan, o hasta un pastel para cualquier otra ocasión. Pero toda persona tiene creencias profundamente arraigadas y uno simplemente las tiene que respetar. No hay porque tratar de destruir su negocio; un pastel no es un bien público básico–nadie morirá sin el y seguramente se puede comprar de otra pastelería.

Y aún cuando logras obligar alguien a actuar como quieres, ¿qué has logrado realmente? ¿Realmente has persuadido esa persona a estar a tu lado? Al contrario, lo más probable es que ahora están más firme en sus creencias.

Acaso alguien cambiará su opinion en cuanto a la ley de Carolina del Norte simplemente porque Nick Jonas canceló su concierto (seamos honestos, la mayoría consideramos que eso es algo bueno).

Hasta Target probablemente no va a cambiar su política a pesar de la amenaza de boicot.

En lugar de intentar obligar uno a otro a hacer lo que queremos, ¿porqué no buscamos mejor comunicación, más comprensión, y un poco de compromiso?

Tal vez el primer paso para vivir todos juntos en harmonía es aceptar que no siempre obtendremos todo lo que queremos.

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